21/10/08

Fragmento de “Artes de lo posible”, por Adrienne Rich

He permanecido conectada al activismo y a la gente cuyo fénix político renace continuamente del nido abrasado por la hostilidad y las mentiras. He conversado mucho con otros amigos. He rastreado palabras ―las mías y las de otros escritores―. Me he sentido atraída, en muchos lugares del mundo, por los escritores y escritoras que han sentido la necesidad de cuestionar la actividad concreta en torno a la cual habían modelado sus vidas: interrogar sobre el valor de la palabra escrita frente a muchos tipos de peligro, a enormes necesidades humanas. No buscaba reafirmaciones fáciles sino más bien la evidencia de que otras personas, en otras sociedades, también habían tenido que vérselas con esa cuestión.

Cualquiera que sea su identidad social, el escritor o escritora es, por la propia naturaleza del acto de escribir, alguien que se esfuerza en comunicar y conectar, alguien que busca, a través del lenguaje, mantener viva la conversación con lo que Octavio Paz ha denominado “la comunidad perdida”. Incluso aunque lo escrito parezca una nota metida en un botella para tirar al mar. El poeta palestino Mahmud Darwix escribe sobre la incapacidad de la poesía para encontrar un equivalente lingüístico a circunstancias como el bombardeo israelí sobre Beirut en 1982: “No podríamos calificar esto ahora como se nos va a calificar a nosotros. Estamos naciendo enteramente, si es que no estamos muriendo enteramente”. En esta notable meditación en prosa, también dice: “Sin embargo, quiero romper a cantar... quiero hallar un lenguaje que transforme el propio lenguaje en acero para el espíritu ―un lenguaje para usarlo contra estos relucientes insectos plateados, estos reactores―. Quiero cantar. Quiero un lenguaje en el cual apoyarme y que pueda apoyarse en mí, que me pida que dé testimonio y al cual yo pueda pedir que dé testimonio del poder que hay en nosotros para vencer este aislamiento cósmico”.

Adrienne Rich, Artes de lo posible. Ensayos y conversaciones, traducción de María Soledad Sánchez Gómez, Madrid, Horas y Horas, 2005; la cita de Darwix proviene de Memoria para el olvido, traducción de Manuel Feria, Madrid, 1997.

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